Blog realizado a partir de las explicaciones de D. DESIDERIO LÓPEZ GÓMEZ, de sus clases impartidas en la Diplomatura de Educación Social, Facultad de Educación de la Universidad de Salamanca.

domingo, 9 de enero de 2011

La fusión


Las relaciones de fusión son un tipo de relación tan intensa que anulan la propia individualidad de las personas, derivando incluso, en situaciones patológicas.



Estas relaciones son complicadas y a veces no conllevan interrelación entre las personas implicadas, porque aunque hay proximidad física, puede no haber comunicación ni empatía, e incluso ni siquiera una valoración positiva mutua.


La intimidad


Es la capacidad para estar en estrecho contacto con otra persona pero siendo capaz de mantener unas fronteras claras respecto a la propia identidad personal.

La intimidad contiene cuatro componentes: la confianza, el amor, la franqueza y el compromiso.

El apego

Fishman (1995) recomienda un mayor contacto físico como facilitador del desarrollo y bienestar personal, y no sólo en la infancia, sino en todas las etapas evolutivas de la vida. La proximidad física y el contacto son un recurso terapéutico, preventivo y optimizador, pues aporta bienestar y posibilita otros niveles de la relación.


1. Definición y elementos que lo configuran.
Según Félix López, en su artículo “Evolución de los vínculos de apego en las relaciones familiares”, el apego es el vínculo afectivo que una persona establece con otra persona del sistema familiar que le permite establecer un lazo emocional que le impulsa a buscar la intimidad y el contacto con ella.

Félix López diferencia tres elementos:
1. Conductas de apego.
2. Representación mental del apego (símbolo).
3. Sentimientos de apego.

Estos tres elementos se manifiestan durante el ciclo vital y son necesarios para que se produzca el vínculo afectivo. 


Por tanto no se puede entender el apego sin considerar la función adaptativa que él mismo tiene para el sistema familiar.


2. Funciones del apego.
El apego permite la adaptación de los niños y de los adolescentes y del propio sistema familiar.

Tiene la función de supervivencia de los hijos al estar junto a sus progenitores, los cuáles les ofrecen una serie de atenciones que necesitan para un buen desarrollo y crecimiento. A medida que los hijos van madurando, el apego cumple funciones de apoyo recíproco.

Desde el punto de vista más subjetivo, el apego tiene una función de seguridad emocional en la persona, pues las figuras de apego con las que ha establecido el vínculo le aceptan de forma incondicional, le protegen y le ofrecen los recursos necesarios para su bienestar.



3. Estilos de apego.
3.1. APEGO SEGURO
Las personas con apego seguro tienen mayor capacidad de compromiso, mayor satisfacción en la comunicación, toman decisiones más acertadas y seguras y les va mejor en las relaciones de pareja. Para ellas las relaciones afectivas son más positivas, pues son capaces de sentirse amados y mantienen relaciones más realistas.

 Las personas con estilos de apego seguro, son capaces de usar a sus cuidadores como una base de seguridad cuando están angustiados. Ellos tienen cuidadores que son sensibles a sus necesidades, por eso, tienen confianza que sus figuras de apego estarán disponibles, que responderán y les ayudarán en la adversidad. En el dominio interpersonal, tienden a ser más cálidas, estables y con relaciones íntimas satisfactorias, y en el dominio intrapersonal, tienden a ser más positivas, integradas y con perspectivas coherentes de sí mismo. De igual forma, muestran tener una alta accesibilidad a esquemas y recuerdos positivos, lo que las lleva a tener expectativas positivas acerca de las relaciones con los otros, a confiar más y a intimar más con ellos.

3.2. APEGO AMBIVALENTE.
Las personas con apego ambivalente suelen seleccionar peor a las parejas, y mantienen relaciones inestables e inseguras. A pesar de esto se encuentran con serias dificultades para tomar la decisión de separarse aunque tengan razones para hacerlo.

Suelen pensar que el amor es lo más importante de la vida aunque ellos lo consideren un tema difícil. Además suelen creer que son amados menos de lo que realmente merecen, y tienden a ser poco críticos consigo mismos.

 Los sujetos ambivalentes son aquellos que buscan la proximidad de la figura primaria y al mismo tiempo se resisten a ser tranquilizados por ella, mostrando agresión hacia la madre. Responden a la separación con angustia intensa y mezclan comportamientos de apego con expresiones de protesta, enojo y resistencia. Debido a la inconsistencia en las habilidades emocionales de sus cuidadores, estos niños no tienen expectativas de confianza respecto al acceso y respuesta de los primeros. Estas personas están definidas por un fuerte deseo de intimidad, junto con una inseguridad respecto a los otros, pues desean tener la interacción e intimidad y tienen intenso temor de que ésta se pierda. De igual forma, desean acceder a nueva información, pero sus intensos conflictos las lleva a alejarse de ella (Gayó, 1999).

Una situación especial en la que se produce conflicto entre la conducta afectiva y la conducta de alejamiento, es la que se produce cuando la figura de apego es también la que provoca temor, al recurrir, quizás, a amenazas o actos de violencia. En esas condiciones, las criaturas más pequeñas no suelen huir de la figura hostil, sino aferrarse a ella (Bowlby, 1985; 1998).
  
3.3. APEGO INSEGURO EVITATIVO.
Este tipo de apego es característico de aquellas personas que aparentemente viven solas, que les cuesta comprometerse con la pareja, que muestran relaciones con cierta distancia y con poca intimidad emocional, y que toman la decisión de separarse con menos dificultad que las anteriores y, aparentemente, con menos dolor.

Suelen pensar que el amor no existe en realidad, que es una invención literaria y cultural, y que las relaciones entre las personas están marcadas por la satisfacción de intereses mutuos.

 Una conducta de apego insegura-evitante o la presencia de fallas en el establecimiento del vínculo materno-infantil, también se ha asociado con madres que maltratan a sus hijos, ya sea de manera física, verbal, a través de la indiferencia o por una inhabilidad psicológica (Egeland y Ericsson, 1987; mencionado por Lartigue y Vives, 1992). Este tipo de apego no seguro, se ha asociado con la presencia del "síndrome no orgánico de detención del desarrollo" que se caracteriza por carencias nutricionales y/o emocionales que derivan en una pérdida de peso y un retardo en el desarrollo físico, emocional y social. Muestran tener una menor accesibilidad a los recuerdos positivos y mayor accesibilidad a esquemas negativos, lo que las lleva, en el caso de las personas evasivas, a mantenerse recelosos a la cercanía con los otros y a las personas (Leventhal et al, 1988; mencionado por Lartigue y Vives, 1992).

 Las personas con este tipo de apego, tienen despliegues mínimos de afecto o angustia hacia el cuidador, o evasión de esta figura ante situaciones que exigen la proximidad y rechazan la información que pudiese crear confusión, cerrando sus esquemas a ésta, teniendo estructuras cognitivas rígidas tienen más propensión al enojo, caracterizándose por metas destructivas, frecuentes episodios de enojo y otras emociones negativas (Gayó, 1999). Algunos niños sujetos a un régimen imprevisible parecen llegar a un punto de desesperación en el que, en vez de desarrollar una conducta afectiva caracterizada por la ansiedad, muestran un relativo desapego, aparentemente sin confiar en los demás ni preocuparse por ellos. A menudo esta conducta se caracteriza por la agresividad y la desobediencia, y esos niños son siempre propensos a tomar represalias. Este tipo de desarrollo es mucho más frecuente en los varones que en las niñas, en tanto que ocurre a la inversa en el caso de una conducta de fuerte aferramiento y ansiedad (Bowlby, 1985; 1998).


Cuanto más estable y previsible sea el régimen en el que se cría, más firmes son los vínculos de afecto del pequeño; cuanto más imprevisibles y sujetos a interrupciones sea ese régimen, más caracterizado por la ansiedad será ese vínculo (Bowlby, 1985; 1998).


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El afecto

El afecto es crucial para estimular el desarrollo y crecimiento de una persona.


La transmisión de afecto presta atención a las emociones primarias (temor, sorpresa, tristeza, disgusto, enojo, anticipación, alegría y confianza), aunque está mediatizado por variables culturales.


Es una de las experiencias que más aporta al núcleo familiar, pues constituye una amalgama de sentimientos positivos (amor, aprecio, apoyo, lealtad, empatía, etc.).

No todas las familias presentan el mismo nivel de afecto, depende de diferentes aspectos como pueden ser los valores, la cultura, la situación familiar, etc. Eso sí, si predominan las emociones positivas, la persona tendrá más confianza y seguridad en sí misma, pero si las que abundan son las negativas, la persona estará a la deriva.

Las interacciones familiares

Las interacciones familiares constituyen un elemento básico en el desarrollo de las personas que están dentro del núcleo familiar. 
Son un tema amplio, difícil y complicado, pero podemos clasificarlas en:

a) Interacciones de aproximación.
  1. El afecto.
  2. El apego.
  3. La intimidad.
  4. La fusión.
  5. La mutualidad.
  6. La seudomutualidad.
b) Interacciones de distanciamiento.
  1. Las emociones negativas.
  2. El rechazo.
  3. Relaciones conflictivas.
  4. Relaciones de doble vínculo.
c) Relaciones de poder.


Según Goleman, el cerebro de las personas va evolucionando en función de las interacciones con las personas.

Las normas

Los límites se operativizan a través de las normas, que hacen referencia a cómo se debe comportar la persona dentro y fuera de casa. Las normas deben ser pocas, concretas y claras.

Según Jay Haley, una recomendación es la comunicación y acuerdo de los padres acompañadas de dos condiciones: que las normas no sean muy numerosas y que se puedan llevar a cabo.

Tipos de normas
  • Normas instrumentales: regulan las tareas de casa, el cuidado de los hijos…
  • Normas de comunicación: regulan la interacción entre los distintos familiares y hacen referencia al tipo de relación que hay entre ellos.
  • Normas afectivas: regulan los afectos y los modos de expresarlos (abrazos, besos, caricias, etc). También regulan las emociones negativas (la ira, la envidia, los celos, etc.).
  • Normas relacionadas con la resolución de conflictos, tanto en el modo de interpretarlos como las formas de resolverlos.
  • Normas para interpretar los secretos familiares: experiencias tabú que no se suelen verbalizar, porque son corrosivas o vergonzosas para la familia. Aquí se debe tener en cuenta que la prohibición de hablar suele dar lugar a altos costes, por lo que, en según qué circunstancias, es mejor verbalizar el problema.

Funcionalidad de las normas
La funcionalidad de las normas estará en relación con la capacidad de esa familia para operativizar sus acciones con el fin de alcanzar las metas de cada una de las etapas por la que va pasando.

Por tanto, el orientador no solo debe ayudar a la familia a que el número de normas no sea excesivo, sino también potenciar su buena funcionalidad.

Modo de establecer las normas
Hay normas que se establecen de forma explícita, es decir, los padres explican su significado, su justificación y su importancia. Pero otras veces las normas son la expresión de situaciones interactivas que se repiten y se convierten en norma de forma implícita.

Hay normas que funcionan por ensayo-error, sin tener ninguna intencionalidad por parte de los padres. De ahí la importancia de conocerlas, identificarlas de forma consciente y analizar su justificación.

Cuando esto ocurre, las personas interiorizan con facilidad esas normas.

Consistencia de las normas
Las normas tienen que ser importantes. Si las normas no son consistentes los hijos no tienen unas orientaciones claras y no sabrán qué hacer en según qué situaciones.

Consenso de las normas
La elaboración de las normas no puede responder a un estado emocional ocasional, sino que debe surgir del currículum y síntesis de los propios valores, analizados democráticamente por los miembros de la familia.



En este sentido hay que tener en cuenta dos ideas clave:
  • Dónde está el poder: quien ha puesto las normas es quien tiene el poder. Se podría decir que cuando los tres poderes (legislativo, ejecutivo y judicial) están separados, algo no va bien.
  • El reconocimiento de las meta-reglas: aquellas reglas que permiten la explicación del resto de normas y que están en directa relación con los valores de la familia. Aquellas familias en las que no existen meta-reglas denotan altas carencias en la escala de valores. Por otro lado, se debe buscar una síntesis entre las meta-reglas y el cambio.

Vídeo: la ausencia de normas


Los holones familiares

Un holón es un sistema o fenómeno que es un todo en sí mismo así como es parte de un sistema mayor, en este caso, de la familia.

Minuchin y Fishman hablan de la existencia de tres holones familiares: holón conyugal, holón parental y holón fraternal.

1.  HOLÓN CONYUGAL
Una de sus mayores tareas es establecer límites que les protejan y permitan hacer su vida, no sólo hacia sus hijos sino también hacia sus respectivos familiares, amigos, aficiones, etc.

Al satisfacer sus necesidades psicológicas, puede prestar apoyo al resto de personas de su entorno, además de contribuir enormemente a evitar el conflicto.

Mara Selvini-Palazzoli, representante de la Escuela de Milán, propuso un modelo de intervención denominado “prescripción variable”, en el que el terapeuta sugiere a individuos, a subsistemas o a la familia en su conjunto, determinadas conductas o ritos tendentes a modificar su comunicación pragmática.

El orientador debe transmitir este tipo de mensajes con cautela, pues sugerir pautas de conducta a los demás puede ser, dependiendo de múltiples circunstancias, o una intromisión intolerable, o un recurso conversacional de primer orden, tan oportuno como bien recibido y aceptado. 

2. HOLÓN PARENTAL.
Contribuye al crecimiento y socialización de los hijos y la transmisión de valores y del currículum familiar que proviene de la síntesis de los contenidos históricos y tradicionales de las familias de ambas partes.

Si no hay síntesis de los contenidos paternos y maternos y cada parte mantiene los suyos, inevitablemente se darán conductas caóticas. El orientador favorecerá esa síntesis ayudando a la familia a encontrar un currículum nivelado y negociado.


3. HOLÓN FRATERNAL.
Actualmente, la existencia de tantas familias con hijos únicos supone un  problema psicológico para éstos. Los hermanos constituyen para muchos el primer grupo de iguales, el cual te ofrece pautas para cooperar y compartir.